Alfonso, de 26 años, vive en Ciudad de México y forma parte del grupo de “Vida Independiente” de YMCA México. Es una persona alegre, apasionada por la música y el baile —aunque deja claro que el reggaetón no es lo suyo— y estaba en búsqueda de herramientas para entender mejor su mundo interno.
Para él, participar en Eleva marcó un punto de inflexión en su proceso personal. Describe el programa como una herramienta clave para aprender a regular sus emociones.
A lo largo de las sesiones, ha desarrollado habilidades prácticas que han transformado la forma en que se relaciona consigo mismo.
“He aprendido a manejar mis emociones, a expresar lo que siento, lo que me pasa”
Uno de los cambios más significativos no solo ocurrió en él, sino también en su entorno. Dentro del grupo de Vida Independiente, notó una transformación colectiva hacia un ambiente de mayor confianza y tranquilidad. “Ahora veo que todos mis compañeros comparten más lo que les pasa”, comenta. Ver ese cambio —de sentirse abrumados a estar más tranquilos y pacientes— reforzó su valoración del programa.
Cuando habla de lo que más le gusta de Eleva, destaca los momentos de calma: “Me gusta que hacemos actividades para relajarnos”, dice. Esos espacios le han permitido ordenar mejor sus pensamientos.
Al preguntarle qué representa Eleva en su vida, lo describe con una imagen clara:
“Para mí, Eleva es como una medicina para regular mis emociones.”
El testimonio de Alfonso refleja cómo el programa fortalece la capacidad de las personas para reconocer y expresar lo que sienten, acompañándolas en la construcción de una vida más equilibrada dentro de sus comunidades.




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