Reconocerse para sanar: la historia de María Paula

Paulina Ortiz

Paulina Ortiz

María Paula tiene 17 años y forma parte de un proyecto de salud mental que marcó un antes y un después en su vida. Antes de llegar a este espacio, atravesaba un momento complejo: conflictos familiares, dificultades personales y emociones que no sabía cómo gestionar.

“Me sentía triste y confundida”, recuerda. Su relación con quienes la rodeaban, especialmente con su familia, estaba marcada por tensiones constantes. Sin embargo, fue a través de los talleres impulsados en su escuela que encontró una oportunidad para mirar hacia adentro y empezar a entender lo que estaba viviendo.

Su proceso no fue inmediato, pero sí transformador. A través de espacios de reflexión, análisis de casos y acompañamiento, María Paula comenzó a reconocer su propio rol en los conflictos y, sobre todo, a desarrollar herramientas para trabajar en sí misma. “Empecé a entenderme mejor y a mejorar como persona”, comparte.

Uno de los cambios más significativos ocurrió en la relación consigo misma. Antes, su autoestima estaba marcada por el rechazo y la inseguridad. Hoy, reconoce el valor de aceptarse y cuidarse.

“Dejé de decirme que no era capaz y entendí que muchas veces era yo misma quien se bloqueaba”

Este proceso no solo impactó su vida personal, sino que también la llevó a crear junto a sus amigas una iniciativa llamada Danzar para reconocernos. A través de la danza, buscan generar un espacio donde otras personas puedan conectar con sus emociones, expresarse y fortalecer su bienestar emocional.

Para María Paula, la salud mental dejó de ser un concepto lejano y se convirtió en una herramienta cotidiana para vivir mejor. Su historia refleja cómo, cuando las juventudes cuentan con espacios seguros para expresarse, pueden no solo transformarse a sí mismas, sino también impactar positivamente a su comunidad.

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